Portada Galerías Porno Videos Porno Relatos Porno Nube de Etiquetas
Estadisticas Porno
Galerías Porno 108
Videos XXX 75
Relatos Porno 31
ARCHIVO TOTAL: 214
Etiquetas
Musculosos Jovenes Rubios Uniformes Bisexual Mamadas Morenos Orgias Anime Hardcore  
Galería del Día
Sponsor Publicitario
Video Gays del Dia
Sponsor Publicitario
Sexo Gay XXX
Top Referidos

Porno Gay
Vergas
Videos Porno
Chicas en Directo
Videochat Porno
Sexo por webcam
Chicas Webcam

Sexo Gay
Famosas Desnudas
El Blog Porno
Blog de Jovencitas
Video Blog Porno
Blog de Tetonas
Son Muy Putas
Putas Maduras
Venganzas Exnovias
Fotos de Exnovias
Jovencitas Hermosas
Mujeres Perfectas
Chat Sexo
Sexo Gratis
Videos Porno

Gay Porn

 

Webcams TravestisPeliculas Porno Gays, DVDS Porno Gay, Bajar Peliculas Porno GaysGaysQueFollan.esSindicar RSSFavoritos
RELATOS. Hermanastros y mucho sexo gay

Miércoles, 16 de Abril de 2008, Gay Cachondo

RELATOS. Hermanastros y mucho sexo gay

Abel y yo acordamos mantener silencio sobre lo de Esther, era preferible que Aníbal no supiera nada pues tenía fama de no saber guardar un secreto. Además, cabía la posibilidad de que quisiera apuntarse, y era demasiado arriesgado asomarnos los tres a la ventana. Aún así yo seguía estrechando lazos con él, hasta el punto de que el sábado me propuso que fuera a dormir a su habitación.



Su hermano mayor salía a celebrar el cumpleaños de un amigo, y tenía permiso especial de su padre para quedarse a dormir en su casa. Iban a salir a tomar algo por el centro, y luego los tres o cuatro amigos más cercanos al chico que cumplía años dormiría en su casa. Abel estaba entusiasmado pues hasta entonces su padre nunca le había permitido salir de noche, tanto que parecía haberse olvidado del asunto de Esther.

Fuera como fuera, Aníbal me invitó públicamente a que me fuera a su cuarto esa noche, y nadie puso ningún problema. Al contrario, Abel encantado de que le hiciera compañía, y nuestros padres también, pues era una clara señal de que empezábamos a llevarnos bien. No es que fuese gran cosa, pero a mi también me hacía ilusión, era como dar un paso más en eso de estrechar lazos fraternales. Reconozco que también pensé en que seguramente podríamos ver alguna película que nos dejara Abel, pero aquello no era lo más importante para mi en aquel momento.

Aunque nuestros padres y Esther estaban en casa, Aníbal y yo hicimos plan como si estuviéramos solos. Alquilamos un juego para la consola, pedimos unas pizzas, y nos encerramos en su cuarto desde antes de las nueve. Al final a Abel no le había dado tiempo a alquilarnos nada, pero siempre teníamos la opción de ver alguna cadena local donde después de las doce siempre ponían porno. Estuvimos jugando hasta después de la una, y cuando nuestros padres subieron a acostarse, nosotros también hicimos lo mismo.

Estuvimos hablando a oscuras hasta cuando pensamos que era prudente encender de nuevo la luz, y pusimos la tele casi en silencio para ver que echaban, aunque los dos sabíamos lo que andábamos buscando. Aquella debía de ser nuestra noche de mala suerte, pues la antena parecía haberse descolocado y sólo eran visibles los canales importantes.

-Joe tío, ya es mala leche... –Exclamé defraudado. No sólo me iba a quedar sin ver el show de Esther, sino que ni siquiera me iba a poder pajear a gusto porque estábamos sin material.

-Ya te digo. Cuando tenemos película se ven de puta madre, y hoy que tenemos que verlos por cojones no se ven. Manda narices...

-Pues nada, que le vamos a hacer. Como no nos lo imaginemos...

-Hombre, a las malas... Pero tu me dirás...

-Oye Aníbal, cambiando de tema, ¿si te pregunto una cosa no te enfadas?

-No creo, dime.

-A ver como lo digo, es que no sé, me resulta raro que Abel y tú... Os hagáis pajas juntos, ya sabes.

-No, no sé, para mí es normal. Más que nada porque empecé gracias a él. Un día mis compañeros de clase se pasaron la mañana hablando de pajas, que si yo me he hecho tres, que si yo todavía no me corro... Yo no tenía ni idea de que iba el tema, así que les seguí el rollo como pude. Y en casa le pregunte a Abel que de qué coño hablaban, y me dio una clase práctica.

-Oye, visto así...

-Es que es eso, igual que cuando tienen un examen le preguntó a él porque se que ya lo ha dado, con el sexo también lleva ventaja y le voy preguntando dudas. Para preguntarle a alguien de la calle, mejor a tu hermano. ¿O no?

-No, si tienes razón... –Dije sinceramente.

-Mira Jose, te cuento otra cosa pero no digas nada, ¿vale?

-Si si, tú tranquilo.

-Pues a ver, que Abel y yo no sólo nos hacemos pajas juntos, sino que alguna vez él me las hace a mi y yo se las hago a él. No te pienses cosas raras, es sólo por cambiar, ¿sabes? –Hizo una pausa, pero en vista de que yo no sabía que decir, prosiguió. –No es que seamos maricones, pero yo todavía soy virgen y él se lía con alguna de cuando en cuando, y como hay confianza, pues... Si lo piensas es un poco inmoral, porque es mi hermano y ese rollo, pero tú te tumbas, cierras los ojos y piensas en alguna tía y es mejor que hacérsela uno sólo.

-Ya supongo... –Dije por fin. –Yo también soy virgen, pero de todo, ni he follado ni me han hecho una paja ni nada.

-¿Y te apetece probar? –Su pregunta me descolocó completamente, no me esperaba que saliera con esas.

-Vale. –Dije sin pensar. Estuve por rectificar, pero pensé que no perdía nada por intentarlo. Si no me gustaba, allí no había pasado nada y listos.

-Pues túmbate que empiezo yo. Pero luego no te escaques... Ya se que da un poco de cosa tocar una polla que no es la tuya, pero al final es casi lo mismo.

Me desvestí y me eché de nuevo en la cama, sorprendido conmigo mismo y lo que me iba a pasar a continuación. Mientras, Aníbal lo preparó todo, el papel higiénico y la botella de aceite corporal. Pese a que ya nos habíamos visto desnudos, era una situación algo incómoda, sobre todo para mi que no estaba acostumbrado. Traté de pensar en que aquello era como cuando Esther y yo nos dábamos masajes en la espalda, pero era evidente que no era precisamente lo mismo.

Pensar en Esther y en sus manos masajeando mi cuerpo contribuyó a que mi polla se pusiera dura antes de que Aníbal me untara ni siquiera el aceite. Me dejé hacer y mi hermanastro comenzó a toquetearme. Era la primera vez que alguien me tocaba ahí abajo, y la sensación era extraña. Aníbal me extendió el lubricante y comenzó a jugar con mi prepucio, subiéndolo, bajándolo y tirando de él, más pendiente de ver como era que de masturbarme.

-Joder tío, que raro se me hace que tengas pellejo en la polla. No sé, es raro, acostumbrado a la mía.

-Eso te iba a preguntar, ¿y por qué estáis circuncidados Abel y tú?

-A los dos nos operaron de fimosis de muy pequeños, nacimos con el mismo defectillo ahí abajo. Así que es eso, es como si nunca hubiera tenido prepucio. No sé, ¿y que se siente?

-Joe, pues no te sé decir, es como tenerla tapada.

-Se me está ocurriendo una cosa, pero vas a pensar que es una guarrada y no vas a querer...

-¿El qué? –Pregunté, mi curiosidad me mataba muchas veces.

-Pues que pongas tu polla al lado de la mía, tocándose punta con punta y tapo mi capullo con un pielecilla, así se lo que se siente.

-Joe, que cosas más raras se te ocurren... Haz lo que quieras, por mi vale.

-Venga, pues ponte de pie.

Aquello si que era extraño, no quería ni imaginar en que pensarían si alguien nos pillaba en esa postura. Los dos con los pantalones bajados, de pie uno frente al otro, y con las pollas unidas por mi prepucio. Para mi la sensación era como ponerme un dedo en el capullo, pero Aníbal sí que estaba experimentando cosas nuevas.

-Jeje, es raro. Es como tener todo el rato la mano sujetándotela o algo así.

-¿Qué, entonces te arrepientes de que te hayan cortado el pellejo? –Le dije bromeando, tratando de hacer más normal la situación.

-Que va, es mucho más cómodo. Y dicen que así da más gusto...

-No creo, a mi lo que me da gusto es el pellejo.

-¿Me dejas probar como te haces tu las pajas? No sé si me entiendes, cascármela un poco usando tu pielecilla.

-Prueba, así de paso me la haces a mí también... –Respondí riéndome.

Los dos estábamos empalmados desde hacía un rato, pero cuando Aníbal comenzó a pajearnos, nuestras pollas se hincharon aún más. Yo no sentía mucho porque apenas tocaba la mía, sólo notaba como mi piel se deslizaba gracias a sus movimientos, pero por las caras de gusto que ponía él, se lo debía estar pasando mejor.

-Oye, pues mola... Se lo tengo que decir a Abel que lo pruebe... –Dijo Aníbal sin dejar de pajearse. –Es broma, ¿eh? Tranquilo que no le digo nada de que hemos estado haciendo esto...

-¿Por qué, para que no se ponga celoso? –Le dije en broma.

-No, pero no sé, tampoco son cosas que se van contando a todo el mundo.

-No, eso sí... Oye, ¿te importa que cambiemos? Es que a mí casi no me haces nada y se me está bajando...

-Bueno, venga. Túmbate otra vez, que te voy a enseñar una cosa que hacemos Abel y yo de vez en cuando.

-¿No será ninguna mariconada? –Dije más que nada para guardar las apariencias, pues estaba dispuesto a experimentar.

-No no, ya verás como mola.

Le hice caso y me tumbé de nuevo en la cama, expectante por saber que sería aquello. Pensaba en una mamada o algo así, y se me hacía la boca agua solo de pensarlo, pero no hubo esa suerte. Aunque la idea que tenía Aníbal tampoco estaba tan mal, claro. Se arrodilló entre mis piernas, juntó nuestras pollas, y tras echarlas un poco más de aceite, comenzó a pajearlas en la misma mano. Nunca había sentido tan de cerca otro rabo, pero la verdad es que me gustaba la sensación de calor y el hecho de estar disfrutando los dos a la vez.

Aquella posición me puso muy cachondo, no sólo era el gusto que me daba estar siendo masturbado, sino también el ver a Aníbal frotarse contra mi. De su torso desnudo brotaban pequeñas gotas de sudor, comenzaba a hacer mucho calor. Se había despeinado un poco, y su cara reflejaba que se lo estaba pasando también como yo. Técnicamente me gustaba más lo de antes, que me pajeara a mi sólo, pero aquello tenía mucho más morbo. Los vellos de nuestros huevos se entrelazaban y se acariciaban mutuamente, los fluidos que ambos segregábamos se mezclaban con el aceite.

Los dos lo estábamos pasando de puta madre, pero necesitaba algo más. No sé muy bien por qué, pero se me ocurrió una variante de aquello, y convencí a Aníbal para que me dejara cambiar de sitio. Él se tumbó y yo me coloqué sobre él, de nuevo juntando los miembros pero esta vez prácticamente uno tumbado sobre el otro. Así, en lugar de pajearnos juntos, lo que hacíamos era frotar nuestras pollas. Al estar muy lubricadas la sensación era muy placentera, lo más parecida al sexo que había probado hasta el momento.

Nuestros rostros estaban muy cerca, pues aunque yo me sostenía con los brazos para no recaer demasiado sobre él, mis fuerzas empezaban a flojear. Casi nos echábamos el aliento, podía sentir su respiración y oír hasta el más leve de sus gemidos. Cerró los ojos un instante y me entraron ganas de besar sus tiernos labios, pero me contuve; éramos hermanastros y aquello no estaba bien. Aún así me dejé caer sobre su cuerpo, tan empapado de sudor como el mío.

Aníbal también colaboraba moviendo sus caderas, y habíamos alcanzado un buen grado de coordinación. No íbamos excesivamente deprisa para no hacernos daño, pero si lo suficiente como para estar empalmadísimos y a punto de explotar en cualquier momento. Me daba un poco de reparo correrme sobre Aníbal sin avisarle, pero no podía parar y si me decía que no se me iba a cortar el rollo. Así que seguí frotándome contra él, tratando de alargar al máximo una situación que veía difícil volver a repetir. Por fin mi polla estalló, y varios chorros manaron y se estrellaron entre nuestros cuerpos. Para mi sorpresa, Aníbal ni se inmutó, siguió moviéndose y frotándose conmigo hasta que perdí casi por completo la erección y era imposible seguir.

Mi hermanastro seguía con un empalme del quince, y después de lo que me había hecho no podía dejarle así. Me levante para quitarme los restos de semen y aproveché para limpiarle a él también. Me senté a su lado y le recogí mi corrida con un poco de papel. Acto seguido, y creo que para su sorpresa, le agarré la polla y comencé a masturbarle muy deprisa. El lubricante casi se había evaporado y el frasco me quedaba un poco lejos, así que escupí en la palma de la mano y seguí bombeando sin que mi nuevo hermano pequeño pusiera ninguna pega.

No tardó en correrse, retorciéndose de gusto y casi suplicándome que parara, pues no podía soportar tanto placer y tenía el glande muy enrojecido de tanto roce. De nuevo su abdomen se llenó de semen, y en agradecimiento fui yo quien me ofrecí para limpiarle. Simplemente asintió y se dejó hacer, estaba demasiado cansado para más.

Había sido una noche de lo más completa, pero era bastante tarde y los dos estábamos agotados. Sonará cursi, pero me hubiera encantado compartir cama con él esa noche, necesitaba un abrazo después de aquella sesión masturbatoria. No le dije nada, por supuesto, cada uno durmió en una cama y apenas sí nos dimos las buenas noches. Quizá habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo, y no estábamos preparados para asimilarlas de golpe. Pero claro, aún faltaban muchas cosas por pasar...

Dibujos PornoOtros Sitios Gays Gratis

 

Gaytiquetas: Tabu -Hardcore -Relatos Porno -
 
Guarniciones Extra
Guarniciones Extra
Descargas por SMS
Videoclub Porno
 

 

 

© 2008. GaysQueFollan.com. Todos los derechos reservados. Prohibida toda reproducción bajo sanción legal.