Les quiero compartir una experiencia que tuve, iniciaré platicándoles que hace mucho conversaba por chat con Julio… y que nos dábamos una calentadas riquísimas. Me hablaba de cómo le gustaba hacerlo, qué era lo que mas lo excitaba y yo hablaba de mis necesidades, de mis deseos, de mis anhelos... Él me decía que medía 1.80, que era varonil y que estaba delgado.
Llego el día en que nos conocimos, quedamos en vernos fuera de la ciudad cerca de un motel. Cuando llegó se me hizo un tipo normal. La calentura que producía sentirlo cerca, los recuerdos de las conversaciones y además su aire varonil, se conjugaban. - Mucho gusto Julio, soy Ián. - A que gusto. Contestó Julio. Extendió su mano hacia mí, yo sentí cosas muy raras... al tocar su mano sentí la electricidad en las yemas de sus dedos. Mis ojos buscaron los suyos y allí me descubrí vulnerable ante esa mezcla de ternura y pasión. Hablamos sin decir palabras, nos comunicamos en silencio. Sólo retiró su mano y me dijo: - Vamos... (señalando el motel) Yo solo dije sí. Apenas dimos unos pasos y nos dimos cuenta que a un lado de la entrada del motel estaba una camioneta de mi empresa. Hijole me dio miedo, mucho miedo… - Que pasa? Él notó mi nerviosismo, le expliqué que alguien de mi trabajo estaba cerca del motel. - Ah, entiendo, nos vamos mejor a otro lado. Me dijo en voz baja y tranquila. Me regresó el alma al cuerpo, tenía muchas ganas de estar con él pero no quería que nadie de mis compañeros me vieran entrando ahí. Tomamos un taxi y nos fuimos a otro motel. En el camino platicamos cosas irrelevantes, nada de sexo, para que el chofer no sospechara nada. Le pedí que nos dejara en una gasolinera, a una cuadra del nuevo lugar. Llegamos al hotel, el se acercó a la ventanilla y pagó. Nos dieron la habitación numero 8. Yo me sentía en un estando de trance, mi corazón latía a mil por hora, mis manos sudaban, mi cuerpo reclamaba a Julio, mi mente volaba imaginando mil cosas. Casi de inmediato entramos al cuarto, una cama amplia, un buró, sobre este una botella de agua y un preservativo, una televisión... No pude mas, cerrando la puerta me empecé a desvestir y Julio hizo lo mismo. De pronto su cuerpo quedó al descubierto, sólo una tanga blanca aprisionaba su cuerpo, su miembro. Yo no se a que horas me quité el bóxer, no pude mas y me lancé a liberar su pene. Era hermoso, mas grande de lo que me imaginaba. Se recostó en la cama y me dijo que me acostara a su lado, estaba súper excitadísimo, lo que siempre había imaginado se estaba volviendo realidad. Me besó, mi lengua agarró una fuerza desconocida, mis manos tocaban y vivían en cada centímetro de su piel, tocaba ese hermoso pene que estaba erecto completamente, media como unos 19 centímetros y siguió besándome. Yo hacía lo mismo y luego fui bajando a sus tetillas y así hasta que llegué a ese mástil que desprendía un olor embriagante, licor de vida, y que ansiaba ser chupado. Pasé mi lengua disfrutando la textura de este hermoso palo, mis labios peleaban con mi lengua por sentir su cabezota, empecé a introducirla poco a poco en mi boca, sentía ese trozo de carne caliente en mi garganta, me invadía, me habrían las puertas de la gloria, veía como entraba y salía de mi boca y cada vez se hacía mas grande, se ensanchaba. Sobaba sus testículos hasta que el me dijo que me volteara. Yo sin dudar lo hice... Me empezó a lubricar con un dedo y a dar golpes con su miembro erecto a mis nalgas, yo sentía como si con su mano extendida me golpeara pero para mi sorpresa me di cuenta que era su pito que se había puesto muy grueso. Para ese entonces ya tenía dos dedos introducidos en mi ano. Se puso detrás de mi y empezó a introducir su pene despacio, pero yo sentía como si me estuviera partiendo en dos, le decía que parara porque me dolía... pero a la vez gemía pidiendo mas. De pronto llegue al paraíso, el dolor cesó, ese dolor se fue convirtiendo en placer, en un placer indescriptible, me faltan palabras para explicarlo pero fue muy sencillo vivirlo. Yo le decía que no parara. Él me poseía de una forma descomunal, desde mi interior me ordenaba como moverme, mientras su lengua descargaba adrenalina en mi cuello, sus manos me aprisionaban contra su cuerpo, mis ojos desorbitados, su respiración estallaba en mi nuca, explotaba todos mis sentidos. Le dije que cambiáramos de posición, que quería ver en su rostro el placer, ver cuando me lo estuviera metiendo,… así que puse mis piernas sobre sus hombros y mis manos alrededor de su cara. Mi ano buscó su miembro y él con sus manos se ayudó para metérmelo. Los movimientos fueron muy rápido así disfrute de su verga un buen rato. Poco a poco saqué su verga hasta que me quedó sólo la puntita en mi interior. Y cuando estuvo así, de una sola embestida me la metí toda entera dentro nuevamente hasta sentir que sus huevos golpeaban mis nalgas. Mis gemidos eran casi gritos de placer. Comencé a mover mi ano de una forma rápida y casi violenta para clavarme aquel mástil. Quería aprovechar cada centímetro dentro de mí. Pronto sentí que la cabeza de su pene se hinchaba más y más, señal de que se iba a venir, y entonces mis gemidos se volvieron más intensos aún, casi alaridos. Entonces me buscó la cara, nuestras miradas se cruzaron y se quedaron fijas la una en la otra, pedían más, querían que aquello no terminase así. Yo imploraba: no pares, mas quiero más, más, más, ah, ah y entonces descargó toda su leche caliente en mi ano.
 
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